Hijos míos:
Les escribo esta carta para narrarles la historia de nuestro pueblo. Esta historia es larga, une nuestro pasado y nuestro presente. Pero antes de contarla, hay algo muy importante que quiero aprendan, y esto es que una gran civilización no es conquistada desde afuera hasta que se haya destruido a sí misma por dentro.
Todo empezó cuando los hombres de la tribu salimos a cazar. Mi padre lideraba la caza, y gracias al trabajo en equipo, capturamos un tapir. Repartimos los órganos vitales a los guerreros que más contribuyeron. Tras la repartición, vimos a un grupo de personas. Se veían horribles, se les podía ver el miedo en sus ojos. Luego de ver esto, mi padre me dio una lección muy importante. Me dijo que saque el miedo de mi corazón, ya que era una enfermedad que debilitaba tanto que al final lograba causar la muerte.
Esa misma madrugada, el viejo hombre del pueblo contó una historia. La historia decía que el búho, la serpiente y el jaguar dotaron al hombre de sus fuerzas, y aun con ellas el hombre no lograba ser feliz y ansiaba más y más, hasta que a la tierra no le sobraba nada para ofrecerle. La moraleja de este cuento era que el hombre siempre quiere más, nunca se complace con lo que tiene. Luego de esto nos acostamos a dormir, y a la mañana siguiente, ¡estábamos bajo ataque! Bajé a su mamá, embarazada de mi segundo hijo, y a ti (mi hijo primogénito) a un escondite y luego peleé por mi pueblo. Hicimos lo que pudimos, pero fue en vano. Los aztecas nos tenían capturados.
Fuimos amarrados todos a una larga caña de bambú y nos hicieron caminar. Mataron a mi padre frente a mí y esto fue lo que
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me indujo a vencerlos después. Eran crueles; mataban a las mujeres, dejaban a los niños solos en las aldeas y se llevaban a los hombres para esclavizarlos, eso hicieron con nosotros. En el camino a la ciudad azteca, nos encontramos con una niña extraña en el medio de una aldea. Estaba parada al lado del cadáver de su madre. Se acercaba a nosotros, y luego de que los aztecas la alejaban, esta relató una profecía con voz amenazante; dijo que el día se convertiría en noche, que el hombre correría al lado del jaguar, y que el hombre renacería del barro como jaguar para derrotar a sus perseguidores y causarles su fin. Lo extraño fue que todo esto se volvió realidad; primero sucedió un eclipse solar, y gracias a ello logré escapar de mi muerte. Escapé hacia la selva, pero fui perseguido por los aztecas. Poco a poco estos fueron muriendo; uno, mordido por un jaguar, cuando ya estaba punto de alcanzarme; el segundo, mordido por una serpiente, el tercero, asesinado por su propio jefe; el cuarto se desnucó contra una piedra al tirarse a las cataratas; yo maté al quinto con un dardo de veneno de sapo luego de salir del barro en forma de jaguar; al sexto lo vencí a golpes; y al jefe lo derroté con una trampa para cazar tapires. Luego los rescaté a ustedes y a su madre, para luego presenciar la llegada de los españoles, los cuales vencieron fácilmente a los aztecas porque ellos mismos ya se estaban destruyendo desde adentro, y con eso se inicia una nueva etapa. Aquí termina la historia que yo quería contarles, para que conozcan sus raíces. Ahora los protagonistas son ustedes y son muchos los desafíos que deberán enfrentar para sobrevivir con dignidad.
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