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Habla el Rey Arturo

Matías Leguizamón

Estudios Sociales 8 B

Prof. Eva Schlichting

Soldado Romano

Durante toda mi vida he vivido creyendo en los ideales de Roma. Por quince años serví a esos ideales creyendo que esa era la realidad hasta que un joven me dijo “Roma solo existe en tus sueños”. Fue ahí cuando me di cuenta de que todo aquello que yo consideraba tan importante, la igualdad de todos ante todo, la libertad y los derechos de los hombres no existían en el imperio Romano. Todos mis ideales fueron puestos a prueba y yo los defendí en mi última misión para Roma.

En esa última misión, tuve que guiar a mis caballeros para salvar a una familia romana de la invasión de los sajones. Íbamos para el pueblo en donde se encontraba la familia que

debíamos rescatar, cuando en un bosque fuimos emboscados por rebeldes. Escapamos de ellos gracias a Merlín y llegamos al pueblo. Nuestra misión era la de llevar a Alecto y su familia a tierras romanas, pero no solo nos llevamos a Alecto, sino a todo el pueblo. También encontré a una rebelde que estaba cautiva en el pueblo y la liberé; gracias a ella, conseguí hacer una alianza con Merlín y los rebeldes contra los Sajones. El ejército sajón nos persiguió en el camino y por poco escapamos. Al llegar al fin a nuestro destino junto al obispo nos dieron nuestra tan deseada libertad.

Ya libre, me vi obligado a pelear una última batalla. El ejército sajón había llegado hasta la gran muralla que dividía a Roma del territorio Bárbaro. Los romanos abandonaban su tierra y se retiraba hacia Roma dejando toda su tierra en Inglaterra a merced de los sajones. Yo me quedé a pelear con Merlín ya que este era mi hogar.

Me detuve en la cima de una colina y pude ver al ejército sajón. A

pesar de que todo estaba en mi contra, peleé ese día. Estaba defendiendo la libertad de mi pueblo y todos mis ideales. Esa fue la fuerza que me hizo combatir. Ese día resguardé lo que estuve defendiendo toda mi vida en servicio de Roma, solo que ahora la capital de Imperio me había abandonado y esto lo hacía por mi pueblo. Luego escuché que unos caballos se acercaban, miré y vi que eran mis caballeros. Qué los motivó a luchar conmigo no lo sé y tampoco lo sabré nunca con certeza, pero creo que fue el hecho de que yo estaba luchando por unos ideales que ellos compartían, y se dieron cuenta que luchando junto a mí estarían luchando por su propia libertad.

El campo de batalla había sido preparado para aquel día. Cientos de montañas de pasto y madera se estaban incendiando cubriendo el terreno de humo. Cuando la primera ola de sajones se acercó, los arqueros de Merlín dispararon varias rondas de flechas que generaron miedo y confusión en las filas enemigas, además de muchas bajas. Entre rondas de flechas mis caballeros y yo embestíamos rápidamente al enemigo para desaparecer en el humo. Con esto, logramos exterminar por completo la primera ola sajona. Ahora venía lo peor, todo el resto del ejercito sajón se movilizaba hacia nosotros, logramos ponerlos a raya por muy poco tiempo usando catapultas que lanzaban bolas de fuego, pero no sirvió de mucho, solo para desordenar y generalizar el miedo en las tropas enemigas. Después de otra ronda de flechas, la infantería rebelde corrió y chocó contra los sajones, luego mi caballería y yo nos unimos a la pelea. Yo mismo maté al líder de los sajones, pero ellos también se llevaron la vida de Lancelot así como la de otros de mis valientes caballeros. Ese día triunfamos por todo lo que defendíamos. Fuimos en contra de todos los infortunios y salimos airosos, logré salvaguardar la libertad y la igualdad de mi pueblo.

Al final, Merlín me casó con aquella joven rebelde que rescaté en aquel pueblo y me convertí en rey de Inglaterra. Todo por lo que peleé valió la pena, mi pueblo era libre al igual que mis caballeros, y todos mis ideales de igualdad se ejercerían en mi nuevo reino. Esto fue lo que me motivó pelear aquel día en contra de los sajones, no por Roma, sino por mi auténtico pueblo. El deseo de defender todo por lo que había luchado en mi vida fue más fuerte que el temor de la muerte. Yo pude haberme ido con mis caballeros sin ningún peligro a Roma y abandonar a mi pueblo y a mi tierra, pero no lo hice porque hubo muchas razones que me motivaron a no hacerlo. Estoy feliz de lo que hice y con lo que hemos logrado a partir de ese día hasta hoy.