La religiosidad es una de las características esenciales de la cultura paraguaya. Los guaraníes no necesitaron de templos ni dioses de barro para demostrar su religiosidad. Creían en Ñandeyara, dios invisible, creador del cielo y la tierra. El dios bueno en contraposición al Aña, espíritu del mal. Ellos creían en la Tierra sin Mal, donde se llega después de la muerte, pero que podía ser buscada y, quizás, encontrada en vida, sobre la tierra. Creían, como rasgo esencial de su religiosidad, en la inmortalidad del espíritu.
Entre otras cosas nuestros ancestros adoraban a los elementos de la naturaleza, así la luna tenía una gran influencia en la vida de nuestro pueblo. Cuando había luna alta, no se podía hacer nada porque todo salía mal. Si se cultivaba en luna alta los árboles no daban frutos. Si se mataban animales para comer, la carne se echaba a perder. Estas ideas aún persisten en nuestros días y para los cultivos los campesinos tienen en cuenta si la luna es creciente o luna nueva. Los guaraníes también creían en los semi-dioses que los protegían, como el Ca'aguy póra, guardián de los bosques. El Ca'ayarýi , una mujer hermosa que cuidaba de los yerbales.
Por otra parte, el paraguayo era o aún es supersticioso. Transita tal camino porque dice que le da suerte. Entra en los exámenes o en las fiestas con el pie derecho para que todo le vaya bien. También cree en los augurios, así son señales de buenos augurios la aparición de una mariposa o un colibrí. Lleva la pluma del cabure`i, que da suerte y atrae el dinero. Pero que no aúlle el perro a la noche porque eso trae mala suerte. Muchas de estas creencias se deben a la sencillez del pueblo y el sincretismo religioso que se produjo con el mestizaje guarani-hispano.
Los chamanes eran profundamente respetados por los guaraníes. Con la llegada de los españoles los sacerdotes pasaron a ocupar su lugar, y el sacerdote era la máxima autoridad de los pueblos. De ahí aquella expresión: "Pa`íma he`i". El Padre siempre tiene razón porque su sabiduría ayudaba a resolver los conflictos de los pueblos. Hasta hoy vemos que los sacerdotes tratan de ayudar a resolver o remediar hasta problemas del gobierno con el pueblo.
Como parte de la religiosidad popular de los paraguayos no podemos dejar de recordar el día de la cruz, 3 de mayo, que antiguamente y |
aún en algunos pueblos se festeja, preparando grandes cantidades de chipa y haciendo un altar, en el centro la cruz y alrededor una corona de chipas, con distintas formas de animales, que son convidados entre los que lleguen a rezar o entre los estacioneros, que son un grupo de personas que generalmente llegan hasta el lugar con canciones a la cruz, pagando alguna promesa por algún milagro que se les había cumplido.
Así también el 8 de diciembre es otro día de fiesta religiosa popular, en el que todo el pueblo se prepara ya muchos días antes para llegar hasta la Virgen de Ca`acupe, miles de paraguayos de todo el país, en actitud de promeseros, van caminando para agradecerle a la Virgen por haberles ayudado a pasar algún examen o haber conseguido un trabajo o por haberse curado de alguna enfermedad. Siempre hay un motivo para ir hasta Ca`acupe. Aunque habrá que reconocer que muchos van sólo para divertirse porque además de la festividad religiosa, también está la fiesta popular donde abundan los juegos de azar, las apuestas y las fiestas.
En la Semana Santa los paraguayos acostumbran ir a las iglesias a rezar. Pero también la gente se prepara para el caru guasu. El jueves Santo se prepara la chipa, la sopa paraguaya, la carne asada, la chipa guazú; todo para el caru guazu que reúne a toda la familia. Y a partir de ahí se debe ir a la misa y visitar las siete iglesias. El Viernes Santo es día de oración y de ayuno.
Otra fiesta religiosa es la Navidad, en Paraguay es característico el olor a flor de coco: con oler a flor de coco ya sabemos que la Navidad se acerca. En esta fiesta religiosa se espera la llegada del Niño Dios, se escuchan las bombas y alrededor de una mesa toda la familia se felicita y brinda por una Feliz Navidad. Antiguamente, los niños recorrían las casas para visitar los pesebres y era común decir “está muy lindo su pesebre”. Esta tradición hoy se presenta casi perdida.
El paraguayo tradicional es sencillo y religioso. Cree en un ser superior, en el bien y en el mal. En sus manifestaciones religiosas se hallan conectados los amigos y la familia, que mantienen las tradiciones y las costumbres intactas generación tras generación como el mejor legado de nuestra identidad cultural. |