Las políticas de juventud tienen como propósito construir ciudadanos responsables que estén preparados para ser constructores activos de una sociedad. La Organización Internacional del Trabajo la define como toda acción que se oriente tanto al logro y realización de valores y objetivos sociales referidos al período vital juvenil, como así también, aquellas acciones orientadas a influir en los procesos de socialización involucrados . En este contexto, se deben tener presentes valores e intereses de la juventud, así como aquellos elementos fundamentales que permitan la integración social responsable de dicho estamento en la realidad. En este caso el objetivo central sería representar los intereses de los jóvenes en la sociedad más allá de lo particular
Desde esa perspectiva y articulando un paralelismo histórico debe admitirse que lo hecho por los Próceres de Mayo en 1811 guardó una estrecha relación entre los intereses colectivos de la juventud y la necesidad por la autodeterminación del pueblo paraguayo. Los principales gestores de nuestra emancipación fueron jóvenes que promediaron entre los 20 y 27 años de edad. Ellos entendieron que solo a riesgo de compromiso, harían una diferencia; y así lo hicieron, propiciaron el cambio.
Sin embargo, nuestra realidad nos indica que los jóvenes han postergado la posibilidad de protagonizar cambios significativos en la actualidad. Entonces nos planteamos: ¿a qué se debe que hoy día no veamos una conducta verdaderamente comprometida hacia el cambio por parte de los jóvenes? ¿En qué medida la distancia entre un tiempo histórico y otro determina el entusiasmo o la apatía por la búsqueda de los cambios? Si tomamos en consideración los antecedentes de la democracia griega habría que señalar que en aquellos tiempos no bastaba con ser nativo de una ciudad para convertirse en ciudadano. El mismo debía participar activamente en la vida política de la polis. Si el individuo no lo hiciese, era considerado un idiota (Touchard, 26).
Sin embargo, en nuestra moderna democracia el ciudadano puede optar por participar o no políticamente.
Probablemente la ventaja que los ciudadanos griegos tenían en el pasado era la de contar con mano de obra esclava que les permitiera dedicarse al ocio y a la política activa, mientras que hoy cualquier ciudadano común no cuenta con esa facilidad ya que debe esforzarse desde lo profesional por su propia subsistencia, lo que le restaría tiempo y la voluntad de querer involucrase en la vida pública y política; con lo que coincidentemente se destaca lo afirmado por Fernando Savater en Política Para Amador, “¿No solemos decir que la verdadera vida son las vacaciones y las fiestas, no el trabajo remunerado?” (Savater 129).
A primera vista pareciera que los griego priorizaran un alto sentido del individualismo, anteponiendo una conducta dedicada al placer y al buen vivir. No obstante, dicho comportamiento no se trataría de un individuo mezquino y rapaz sino la aplicación de una filosofía existencialista que sustenta la idea del bienestar personal para producir un bienestar colectivo, tal cual lo afirma Savater al referirse a el individualismo como “la forma de comprender y colaborar con la sociedad.” (Savater 111).
Por ello al participar activamente, no solamente estamos cumpliendo con nuestro deber cívico, sino también estamos asegurando que el Estado cumpla con sus responsabilidades y se ocupe de responder a las necesidades de la gente. Por lo tanto, |
sería justo decir que si cada persona, como individuo no colabora con la sociedad, no se puede exigir que la misma entregue nada a cambio (la persona puede exigir en la medida de su participación). Ahora, hay que reconocer que existen dos maneras de formar parte de la sociedad. Una cosa es pertenecer a una sociedad y otra ser participe de la misma. La pertenencia se da cuando un individuo se identifica con los valores del grupo y se aferra a ellos incondicionalmente, y por lo tanto, no los cuestiona. Tal es el caso del fanatismo hacia los partidos políticos. Un ejemplo concreto de esto de dio cuando Luis María Argaña afirmó que: “ Aún si el candidato del partido sea el Pato Donald, los colorados lo tenemos que votar ” Por otro lado, la participación consiste en mantener una distancia crítica con el grupo, en la que uno puede decidir si le conviene o no seguir siendo parte del mismo. Desde nuestro punto de vista la segunda podría resultar ser la mejor opción, ya que es voluntaria y se enfatizan los objetivos que se intentan alcanzar, y no el simple hecho de ser parte del grupo.
Por consiguiente los jóvenes que quieran participar aditivamente de la vida pública y política de nuestro país pueden hacerlos teniendo en consideración que existen varios tipos o formas de hacerlas considerando el tipo de gobierno, el grado de madurez, su rol sociopolítico, su conciencia política, y su comportamiento. En tal sentido habrá que saber distinguirlas entre estrategias de integración juvenil atendiendo algunas políticas y orientaciones no tan recomendables:
Las políticas para la juventud son características de un gobierno con tendencia conservadora. En ellas, los jóvenes son vistos como vulnerables y con falta de experiencia, y por lo tanto, existe un paternalismo (dirigismo social) en el cual los adultos incentivan conductas pasivas y conformistas en los jóvenes.
Los gobiernos autoritarios tienden a recurrir a las políticas por (medio de) la juventud. La misma es pasiva por parte de los jóvenes e impuesta desde arriba. Juan Sáez Marín cuenta que “No sirve a los jóvenes, se sirve de ellos.” (Políticas de Juventud). Esto sucede porque recluta a los jóvenes con la intención de movilizarlos. Al hacerlo, aseguran la continuidad del sistema autoritario.
No cabe en dudas que La política con la juventud, no debe estar impuesta desde arriba. Está debe basarse en la solidaridad y la participación, tanto en los aspectos ejecutivos como en lo procesual. Para lo cual se requiere la interacción entre la juventud y la sociedad. También es creativa, abierta, respetuosa, y sobre todo, no excluyente. Otra forma sugerida y agregada a la lista por la Organización Internacional del Trabajo es la política desde la juventud, la cual refleja auténticos valores democráticos. Ella consiste en actividades e iniciativas imaginadas, diseñadas y realizadas por los mismos jóvenes. (Políticas de Juventud).
Lamentablemente muchos jóvenes se mantienen inertes e indiferentes ante la necesidad de participar decididamente en cuestiones cívicas ya que sostienen: Para qué votar, si este simple acto no modificaría en nada la realidad actual. Para qué denunciar al que infringe la ley si al final resultan impunes los actos de corrupción e ilegalidad. Esto es lo que nos deja en un estado catatónico y de conformidad, incapaces de generar cambios deseados o de proyectar un nuevo país, un nuevo Paraguay: el Paraguay que todos queremos. |