El primero de marzo de 1870, el Mariscal Francisco Solano López, presidente de la República del Paraguay y comandante de sus tropas, muere en manos de soldados brasileros. Cuando ya estaba herido y rodeado por el enemigo, intentó sacar su sable, y con el grito “¡Muero con la patria!”, recibió un último balazo asesino. Por ese acto es considerado uno de los hombres más notables del Paraguay, un héroe, no carente de la complejidad de sus luces y sus sombras no obstante, a cuya memoria rendimos homenaje cada año.
Es necesario apartar un día al año para pensar en qué consiste un héroe, y qué deberían significar para nosotros. Hoy día, la concepción de héroe pasa fácilmente inadvertida en la memoria colectiva de la gente e incluso quizás tengamos un concepto distorsionado de dicha palabra. Si reflexionamos sobre el punto encontraremos que un héroe no es necesariamente una figura resaltante en su comunidad, ni conocida por miles o millones de personas. Un héroe es verdaderamente quien supera las limitaciones y las expectativas que impone la sociedad. ¿Quién puede negar que un hombre que trabaja 12 horas al día por sueldo mínimo para alimentar a su esposa y 8 hijos no sea un héroe? Los actos heroicos muchas veces son anónimos e inadvertidos, a diferencia de las millones de personas que tan sólo actúan porque quieren obtener fama, dinero y poder, sin importar los medios, como lo expresa el pensamiento maquiavélico.
Precisamente haciendo referencia a los héroes anónimos, resulta pertinente compartir una anécdota en particular. Un domingo a las 11 de la noche, hace pocas semanas, estaba regresando a casa, cuando vi algo que me hizo reflexionar. Un niño, probablemente de tan solo 8 años, iba guiando por Mariscal López su caballo, que tiraba un carro lleno de bolsas con latas y cartones vacíos. Desde una edad en la que nosotros estábamos |
dibujando en nuestros cuadernos, en el calor de nuestro hogar, niños como éste deben luchar para sobrevivir. Además, quizás esté también trabajando para alimentar a algunos hermanos menores. El carrito que guiaba no tenía ninguna luz para proteger su vida de los inconscientes automovilistas, quienes transitan por las calles de Asunción a alta velocidad. Este niño para mantener su vida debe arriesgarla todas las noches.
Estos son los héroes anónimos, los que desde temprana edad se ven forzados por las circunstancias a ganarse la vida, y lo hacen de forma honesta. Mientras otros en sus mismas situaciones económicas y de la misma edad salen en grupos denominados “pirañas” a robar celulares, billeteras, anillos y cadenas, manipulados por adultos, este niño trabaja toda la tarde y hasta horas después de la medianoche, juntando latitas por míseros pagos. Sin embargo, es en esto que consiste el heroísmo, en el trabajo honesto, y el sacrificio diario de cada uno de los ciudadanos que antes que rendirse prefieren luchar.
Es por eso que al recordar a los héroes debemos rendir homenaje a todas las personas anónimas quienes hacen el bien sin esperar más recompensa que haber hecho lo justo, lo correcto.
Concluyendo, debemos recalcar que somos nosotros los jóvenes quienes tomaremos las riendas del país el día de mañana, quienes mantendremos posiciones de poder económico, político y social, y por ello vale el exhorto de que todos seamos ejemplo actuando con responsabilidad, templanza y honestidad, encarnando los valores de un héroe, para la construcción de una sociedad seria y que apunte a elegir el bien sobre el mal, el camino correcto sobre el camino rápido, y el trabajo honesto sobre el dinero fácil. |