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Borges y Cortázar nos llevan a soñar

Camila García

Literatura Hispanoamericana 12°

Prof. Juliana de Zavalía

 

Al cerrar la tapa del libro es como si ese movimiento de mano fuera el mismo que nos moviera de lado a lado, tratando de hacernos despertar. Se siente exactamente como si acabáramos de despertar del más profundo y fabuloso sueño, sin siquiera haber cerrado los ojos un segundo. Es éste el efecto que producen los cuentos de Borges y Cortázar, en los cuales los autores consiguen superar los límites de lo real, jugando con realidades paralelas y donde a través de sueños y alucinaciones de los personajes se transporta a los lectores a mundos fantásticos.

Tan real es la impresión de haber estado soñando al terminar de leer estos cuentos, que no es coincidencia que los autores incluyan sueños en sus contenidos. El ejemplo más concreto que alude a esta herramienta de los sueños es el cuento “Las ruinas circulares,” de Jorge Luis Borges. En un mundo aparentemente real, un mago, personaje principal, va creando a su “hijo,” a su súbdito, a su seguidor. Pero la manera en que lo va formando no es nada común, ya que noche tras noche el mago lo va soñando, y es así como va concertando a este hijo. Finalmente, tras cientos de noches, cuando cada detalle ha sido soñado minuciosamente, el hijo está listo para ingresar al “mundo real”. Pero la felicidad del creador dura tan solo instantes, al darse cuenta que él también había sido soñado. Cuando el lector también reconoce que la aparente realidad era ficticia, éste se convierte en testigo de los dos planos de la historia, tan característicos de los cuentos fantásticos de Borges: “Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo” (65) dice Borges al concluir su cuento en el que “en el sueño del hombre que soñaba el soñador se despertó” (62).

Sin embargo, los sueños no son la única herramienta de la cual se valen Borges y Cortázar para superar los límites de lo real. A trav és de alucinaciones, muchas veces producidas por enfermedades, los autores también introducen a sus personajes a otros mundos. El ejemplo más claro está en el cuento “El sur,” en el que Borges narra la historia de un hombre que tras un golpe fuerte es llevado al hospital. El hombre supuestamente sale sano y salvo y es entonces que decide viajar al sur para recuperarse. En una primera lectura, sólo al final descubrimos que el enfermo no ha dejado la cama, y toda su travesía ha sido solo una alucinación. Una lectura más minuciosa nos lleva a encontrar pistas que indican que el hombre quizás siga internado, detalles que nos permiten darnos cuenta que quizás ese viaje al sur es en verdad un viaje al pasado, un viaje a otra realidad. Borges narra, por ejemplo, “Dahlmann, adentro, creyó reconocer al patrón: luego comprendió que lo había engañado su parecido con uno de los empleados del sanatorio” (212). Así se alternan las realidades del hospital y del sur, logrando Borges nuevamente dos planos en su narración: el hombre que agoniza en el sanatorio y el hombre listo para defender su honor en un duelo a cuchillo: “Era como si a un tiempo fuera dos hombres: el que avanzaba por el día otoñal y por la geografía de la patria, y el otro, encarcelado en un sanatorio y sujeto a metódicas servidumbres” (210). Otro ejemplo se presenta en “La noche boca arriba,” de Julio Cortázar. Una vez terminado el cuento, nos damos cuenta de que éste trata de un nativo moteca quien camino a su muerte alucina que se encuentra en un hospital. No obstante, en la narración, Cortázar nos hace creer lo contrario, que la alucinación es en verdad este “sueño moteca” que el enfermo alucina mientras convalece. “La fiebre lo iba ganando despacio” (886) dice Cortázar, usando la enfermedad y la alucinación como herramienta, para nuevamente fundir dos realidades e invitar a jugar al lector con los dos planos de la lectura.

Así, en todos los cuentos de ambos autores somos testigos de realidades paralelas, y somos testigos de historias que se dan en dos realidades a menudo simultáneas. Estos dos planos se ven más claramente en “Continuidad de los parques” donde Cortázar nos introduce a un hombre que termina leyendo su propia historia. Jugando con los planos de “realidad” y novela, Cortázar cuenta cómo el personaje principal “gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba” (882). El personaje se transporta de un plano a otro y resulta protagonista de la novela que él mismo estaba leyendo. Cortázar se ayuda también con otros elementos y detalles para lograr este juego de realidades. Los cristales, por ejemplo, sirven de división entre ambos “mundos” cuando el autor escribe “más allá de los ventanales, danzaba el aire del atardecer bajo los robles” (882) e introduce una nueva escena. Repasando todos los cuentos, vemos a estos dos planos como elemento común de ambos autores. El plano del hombre en el hospital y el hombre que viaja en “El sur,” el moteca camino a un sacrificio y el hombre hospitalizado en “La noche boca arriba,” la supuesta vida real y el sueño creador en “Las ruinas circulares” son todos perfectos ejemplos de las realidades paralelas. Es el cómo los autores superan estos límites de lo real que hacen a los cuentos tan interesantes.

Como una alusión lúdica, una invitación a jugar, Cortázar y Borges nos dan, a través de sus cuentos, la oportunidad de mirar el mundo desde otra perspectiva, desde el otro lado del espejo. Valiéndose de elementos como sueños, alucinaciones y cristales, los lectores somos trasportados junto a los personajes a mundos imaginarios que nacen a partir de los elementos más cotidianos. Así, simples sueños se convierten en increíbles travesías de las que nos cuesta “despertar” al terminar la lectura, al ser atrapados por el sentimiento de lo fantástico.

Bibliografía

  • Borges, Jorge Luis. “El sur.” Ficciones. Buenos Aires. Alianza Editorial: 1974. 205-216.

    - - -. “La muerte y la brújula.” 153-172.

    - - - . “Las ruinas circulares.” 51-56.

  • Cortázar, Julio. “Continuidad de los parques.” Momentos cumbres de la literatura hispana. Introducción al análisis literario . Ed. Rodney T. Rodríguez. Upper Saddle River NJ.: Prentice may, 2004. 882.- - -. “La noche boca arriba.” Rodríguez 884-890.