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“Continuidad de los parques”: dos perspectivas

Alexia Barrail y Angela Wu

Literatura Hispanoamericana 12°

Prof. Juliana de Zavalía

1. Alexia Barrail

Los viejos maderos sucumbían ante el frío de la noche, y respirar el árido viento era como tragar pequeñas agujas. Temblaba, pero dudaba si era del frío. Tenia él dos horas de atraso, y la soledad me ahogaba mientras los pensamientos penetraban mi cabeza con negatividad y desesperación.

Los nervios cortaban mi circulación, mis piernas se agitaban incontrolablemente ante el crudo temporal. Por la ventana veía a los robles sacudirse en el viento, al mismo compás que mi cuerpo. La ansiedad era insoportable, ¿por qué tardaba tanto en llegar? Los antiguos peldaños de madera que cubrían la tierra húmeda del cobertizo demostraban tímidamente su vejez, pero su edad no era nada comparada a todos los años que me había amado aquél. Era una cabaña fría, sin vida. Sin embargo, lo que había ocurrido entre los montones de paja era suficiente como para avivar hasta este viejo pabellón. Los segundos se hacían interminables, y él aún no llegaba. Mi tez exhibía el más etéreo terror, un terror frío, que recorría mi espalda lentamente, bajando desde la nuca.

¡De pronto entró! Rasguñado, lastimado, pero llegó. No dejó siquiera que lo consolara, los nervios también lo consumían a él. mirablemente restallé la sangre con mis besos, pero él rechazaba las caricias; no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. Un diálogo anhelante corría entre nosotros como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Describí la sala azul, la galería, una escalera alfombrada. Nadie debía estar en la primera habitación, ni en la segunda. La puerta del salón abierta, y luego estaría el otro ahí, como siempre, sumergido en sus insignificantes libros. Los libros, una vida paralela, absurda, llena de fantasía que conmigo jamás se atrevió a compartir. Y el sillón verde, el famoso e infame sillón verde, de terciopelo del más suave; estaría allí. El puñal latía contra su pecho. Lo observé salir hacia lo oscuro del atardecer, entre una continuidad absoluta de robles perfectos.

2. Angela Wu

Con el corazón latiendo como un tambor dentro de mí, cada movimiento parecía acercarse a un suicidio inevitable. Habíamos hablado de esto varias veces. Había repasado el plan en mi cabeza una y otra vez, de día, de noche y hasta en sueños. Si tan solo funcionara, ella y yo seríamos libres. Libres para amar, libres de cualquier atadura. Y me lo volvía a repetir. Sólo tenía que pasar la sala azul, luego una galería, las escaleras y finalmente estaría él. Con cada paso, el mapa mental se hacía realidad. Y las imágenes del sueño se volvían tangibles. Estábamos destinados a vivir juntos, ella y yo, sin él. Frente a mí, alcanzaba a ver su cabeza apoyada en el sillón verde. Tan inocente, tan perdido en la lectura. El silencio parecía pesar más que el puñal entre mis manos. A dos pasos de distancia, era yo quien, por primera vez, controlaba su vida. Y por primera vez me sentía como un dios.

 

 

Bibliografía

•  Mundo BBC, Touraine y la memoria histórica

http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/latin_america/newsid_2377000/2377507.stm

•  Pasto de las fieras: Dos modos de memoria histórica. Luís María Sandoval, http://www.arbil.org/110pini.htm

•  Tiranía de la memoria y desprecio de la Historia :: Viernes, 16 de Marzo de 2007. España/Memoria

•  Histórica . Daniel Reboredo , historiador (EL CORREO DIGITAL, 16/03/07): http://www.almendron.com/tribuna/?p=14641

•  ¿De qué estará hecho el mañana? Los caminos de la memoria en una sociedad de frontera. Diana Arellano, Silvia Waskiewicz y Yolanda Urquiza. http://www.nuncamas.org/investig/pohimes/pohimes_001.htm

•  Mannion, James. O Livro Completo da Filosofia. São Paulo: Madras 2004