Nuestra realidad es monótona, todos los días pasamos por actividades y quehaceres cotidianos, rara vez logramos escapar de ellos. Sin embargo, existe la opción de encontrar ese “paréntesis de la realidad” (“Para entrar en tema” 9), un lugar donde las reglas habituales no se aplican, donde lo cotidiano es transformado en mucho más, justamente para liberar al lector de la monotonía del día a día: el cuento fantástico. Dos autores especialistas en este modo de narrar son Jorge Luis Borges y Julio Cortázar. Ellos desafían la realidad creando un mundo paralelo, donde las categorías de tiempo y espacio rompen la realidad que conocemos, donde el lector es invitado a jugar que todo es posible.
Las dimensiones de tiempo y espacio que conocemos en la literatura tradicional son muy distintas a las del cuento fantástico. En este modo de narrar las contradicciones entre “el mundo imaginario y el mundo real salen a la superficie y se vuelven conflictivas” (“Para entrar en tema” 8). Por ejemplo, en el cuento de Cortázar “La noche boca arriba,” el lector es presentado con un personaje que está en la ciudad, en motocicleta, que tiene un accidente y termina en el hospital. Sin embargo, al mismo tiempo ese personaje tiene sueños, o por lo menos es así como es presentado el tiempo y espacio paralelo a los hechos del cuento. Se encuentra en la selva, en la guerra florida, siendo cazado para ser sacrificado. Los indicios que tenemos para saber que esa realidad del hospital es en verdad la alucinación y viceversa es, por ejemplo, “como sueño era curioso, porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores” (886). Aquí ya el lector empieza a intuir como la realidad del hospital se rompe para revelar, sutilmente, que la realidad es en verdad en la selva, con la guerra. También existen momentos como cuando el narrador dice “alcanzó a cerrar otra vez los párpados, aunque ahora sabía que no iba a despertarse, que estaba despierto, que el sueño maravilloso había sido el otro, absurdo como todos los sueños, en el que andaba por extrañas avenidas…con un enorme insecto de metal que zumbaba bajo sus piernas” (889). Finalmente, la verdad se desenvuelve, y el lector se da cuenta que el tiempo que había creído cotidiano y verdadero (el del hospital y la motocicleta), había sido en el sueño, que nuestro personaje principal era realmente un indio moteca. Un final sorpresa.
Análogamente, está el cuento de Borges, “El sur”. Aquí tenemos también al personaje principal, que tiene un accidente y se lastima la cabeza. Es transportado a un hospital, donde también tiene alucinaciones. Al igual que el moteca, el personaje aquí, Dalhmann, imagina y alucina. Es importante notar como un párrafo empieza diciendo “a la realidad le gustan las simetrías y los leve anacronismos” (861), porque es aquí cuando el lector empieza a distinguir |
que la realidad imaginada, no verdadera, que Dahlmann no está siendo transportado a la estancia sino que sigue atado a las miserias del sanatorio. Es romántico lo que imagina el personaje, ya que está muriendo de forma memorable, heroica. Una figura importante en este cuento es el viejo gaucho, Martín Fierro, que aparece y le da una daga, y aún cuando Dahlmann no tiene idea de cómo usarla, va a pelear: “era como si el Sur hubiera resuelto que Dahlmann aceptara el duelo” (864). Al tener una daga sin saber usarla “el arma en su mano torpe no serviría para defenderlo, sino para justificar que lo mataran” (864). Inmediatamente el lector se da cuenta que el protagonista está destinado a morir. A través de las líneas, el lector desenmascara la realidad, que no era en verdad lo que había pensado en un comienzo. Nuevamente el cuento presenta ese final sorpresa una vez que el tiempo y espacio “reales” son descubiertos.
“La muerte y la brújula”, de Borges, es el ejemplo perfecto de cómo el autor del cuento fantástico juega despiadadamente con las mentes de sus lectores. Es en este cuento en el que se participa de un verdadero desafío, un misterio de detectives, donde el final es aún mas sorprendente que los anteriores. Todo el cuento se desarrolla en un entorno judío, y esto es fundamental para la comprensión del mismo. Empieza el cuento con la muerte de un rabino, una noche el 3 de diciembre, luego muere un hombre Azevedo una noche el 3 de enero, y finalmente ocurre el tercer crimen la noche del 3 de febrero. Es importante destacar que los crímenes fueron a la noche ya que la frase “el día hebreo empieza al anochecer y dura hasta el siguiente anochecer” (852) revela que no serán tres sino cuatro muertes, por lo tanto, el detective Lonnrot investiga la cuarta escena del crimen. Se desata el juego, donde el lector debe estar atento; los asesinatos fueron en verdad el 4, no el 3 de cada mes, por ende no será un triángulo sin un rombo la figura clave para desentrañar los crímenes. Es en el vértice sur del rombo que Lönnrot, protagonista del cuento, es asesinado. Como dice el narrador al comienzo del cuento: “Es verdad que Erik Lönnrot no logró impedir el último crimen, pero es indiscutible que lo previó”(849). De boca de Red Scharlach descubrimos el contra argumento del cuento. La víctima del cuarto crimen en D es Lönnrot; Scharlach le teje un laberinto a partir del asesinato accidental de un rabino. Es un juego irónico donde el cazador termina siendo cazado.
Escribe Cortázar en su artículo “El sentimiento de lo fantástico” que “siempre ha vivido con la sensación de que entre lo fantástico y lo real no habían límites precisos”. Los cuentos fantásticos nos muestran justamente eso; un mundo distinto donde las posibilidades son infinitas, y todo ocurre a partir de un simple hecho cotidiano. |