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La muerte de los imperios

Adolfo Artaza

Estudios Sociales 8° C

Prof. Eva Schlichting

Mapa del Imperio Romano

Antes de que un imperio pueda ser conquistado, debe ser debilitado. Esto se logra de diversas maneras, pero la principal es cuando un pueblo empieza a tener conflictos internos por causa del poder absoluto entre los gobernantes. Así, cuando los mismos pelean entre ellos, se logra la debilitación del Estado o Imperio en sí porque cada sección, colonia, o ciudad quiere ir por su propia cuenta. Esto sucede con los imperios griego y romano. De la misma manera ocurre con el azteca, víctima de estos sucesos. Primero, las luchas internas se originan. Luego, el tiempo de pelear es ya abolido por la conquista de los mismos pueblos o imperios.

Esto sucede con el imperio griego, donde las luchas sociales por la igualdad cívica y política son importantes para el pueblo y nunca se abandonan completamente. En este esquema, la gente pobre, las plebes, deciden que quieren participar del gobierno de la ciudad así como la gente rica y adinerada, los aristócratas. También, los menos privilegiados luchaban por conseguir la disolución de la esclavitud dentro del pueblo griego. Mientras el tiempo transcurría, las luchas no cesaban hasta que llegó Pericles, que solucionó el problema reformando el gobierno luego de Clístenes, dando así un inicio a la época dorada de Grecia. Sin embargo, todo lo bueno no pudo durar una eternidad en Grecia, y llegaron nuevamente las luchas, pero esta vez con una nueva intención, destrozar en absoluto la civilización griega, siendo la Guerra del Peloponesio el evento mayor que ocasionó la caída de Grecia como una potencia. Al término de esta lucha, los vecinos de los que había sido alguna vez parte del el imperio griego empezaron a retomar poco a poco la independencia con respecto a este hasta llegar al punto de ser completamente disuelto.

La historia se repite con el imperio romano, civilización fundada bajo los principios del pueblo griego. Roma, así como Grecia, llega a su etapa de gloria con la subida de Augusto como emperador y la reforma de Roma, convirtiéndola en la mayor potencia de aquellos tiempos y dando nacimiento al fabuloso Imperio Romano. No obstante, el pueblo romano cae bajo un umbral de oscuridad y decae como una potencia mundial como resultado de las luchas políticas dentro del mismo pueblo. En este caso particular, el Senado, una nueva figura gubernamental encargada de lo legislativo, constantemente batalla con el Emperador, quien supuestamente es dueño y señor de todo el poder administrativo en lo que comprende al impero. Consecuentemente, el poder del Imperio se torna indefinido y la población se manifiesta indecisa, duda a quién apoyar en esta lucha. Esta situación es aprovechada por los bárbaros que no dan respiro a los romanos en todas partes. Hasta que la conquista del pueblo que alguna vez fue brillante se convierte en un suceso quizá inevitable. Entonces, como se dijo anteriormente, el Imperio Romano del Occidente cae ante la conquista de los pueblos bárbaros. Al sucumbir el sector

ante la conquista de los pueblos bárbaros. Al sucumbir el sector izquierdo del Imperio, la pérdida del control sobre el Imperio del Oriente es algo muy predecible, algo que eventualmente sucede con la conquista de Constantinopla.

A medida que el tiempo pasa, nos encontramos nuevamente con otros imperios en los cuales los conflictos internos tienen como resultado la conquista de los mismos. Este es el Imperio Azteca en América pre-colonial. Durante años, el Imperio Azteca conquistó una gran porción de lo que llamamos hoy América Latina, gran parte de México y América Central. Así, llegan los aztecas a una etapa donde lo tenían todo, siendo Tenochtitlán la ciudad de más poder e influencia. Las otras ciudades-estado querían este poder tan ansiado, lo que trae como fruto la violencia entre las ciudades mismas. Por años, los aztecas pasaron sus días luchando hasta que llegaron los españoles, un grupo de personas que presentaban una nueva amenaza para el pueblo azteca. Pese a esto, los aztecas continuaron las batalladas entre la gente del Imperio y dejaron de lado la idea de pelear juntos contra el enemigo común que llegaba. Entonces arriba Hernán Cortes, un conquistador español, y él mismo arrasa con la ciudad de Tenochtitlán con ayuda de los mismos habitantes del imperio Azteca. Usando esto como evidencia, podríamos decir que los aztecas sellaron su propio destino. Tal era el odio que generaron entre sus súbditos que ellos mismos colaboraron con los españoles para destruirlo.

Entonces, es un hecho confirmado y reasegurado que un imperio no puede sucumbir solo por las luchas externas. Es decir, no cae solo porque pierde batallas contra otros, sino también cae por luchas internas, sean por motivos sociales o políticos. Al realizarse estas luchas, el pueblo, desconcertado por quién tiene el poder o a quién debe apoyar en épocas de lucha, se debilita a sí mismo, haciéndolo un objetivo de conquista mucho más fácil. Esto sucede con todos los grandes imperios en la historia que batallan internamente, así como el Imperio Griego, el Romano y el Azteca. El poder, la causa de lucha en la gran mayoría de los casos, es irónicamente entregado a las mismas manos del enemigo, del oponente.

Ciertamente, si trasladamos estos ejemplos a nuestra realidad, no podemos hablar de imperios, pero sí de gobiernos e instituciones que deberían aprender la misma lección: el logro de los objetivos de una comunidad es posible solo cuando existe conciencia del bien común, cuando los gobernantes y los ciudadanos todos, en vez de sacarse los ojos unos a otros, y agotarse en peleas internas, e hicieran a un lado sus diferencias y trabajaran juntos por el mejoramiento del pueblo, los resultados serían reales y consistentes.